El emblemático templo de Santa Sofía o, como dicen los turcos, Aya Sofya es una de las obras maestras de la época bizantina. Su historia única y especial pasó por distintos períodos: acogió el nacimiento de cristianismo ortodoxo, fue la iglesia del Papa, centro de la religión musulmana hasta convertirse en un museo en el año 1935. Contemplando la estructura de la ciudad es imposible no ver los minaretes y la cúpula de más de 30 metros de diámetro de este hito de la megalópolis multinacional, por lo que Santa Sofía es considerada como el símbolo de la metrópolis. El fascinante interior os cautivará con su belleza y amplitud. La luz difusa reflejada entre los pilares monolíticos, así como las bóvedas adornadas con múltiples mosaicos de gran interés histórico que representan hechos históricos y rostros imperiales os dejaran sin palabras. Esta obra de ingeniería insuperable es una verdadera leyenda viva que ha supervivido imperios y terremotos sigue marcando huella en la historia de la humanidad hasta el día de hoy.

 

Cierto es, que una imagen vale más que mil palabras. Por este motivo para disfrutar de esta grandiosa y magnífica obra de arte se recomienda visitarla lo antes posible para evitar las grandes colas de su entrada.