Construida por el emperador Justiniano I, la Cisterna Basílica es uno de los monumentos más atrayentes que el Imperio Bizantino otorgó a Constantinopla. Otro nombre de esta estructura enorme con puentes de madera en su interior para recorridos circulares es Palacio Sumergido. Se compone de 336 columnas gigantes de templos precristianos que sujetan un techo semejante al de un templo, y tiene capacidad de almacenamiento de 100.000 toneladas de agua. En la época de Imperio Bizantino fue la reserva de agua del Gran Palacio para los periodos de sequía. Después de la Conquista de Estambul, la cisterna fue utilizada para proveer agua al Palacio Topkapi.
Bajando a su profundidad los visitantes entran en un mundo de placidez, donde pueden pasear por las pasarelas, escuchar la música suave y ver los peces que los acompañan en el agua. Por supuesto, las figuras más conocidas de la cisterna son dos cabezas de Medusa que se colocan bajo dos columnas. Hay varias leyendas asociadas con estos ejemplos prodigiosos de la Época Romana: como la que la Medusa tiene poder de convertir a la gente en piedra. ¡No os perdáis este lugar misterioso!
